Carlos Güell de Sentmenat
Bisnieto del Conde Eusebi Güell i Bacigalupi

Tengo el honor de pertenecer a una familia con un papel muy destacado en la historia económica, política, social y cultural de la Cataluña contemporánea. La tarea más representativa llevada a cabo por mi bisabuelo, Eusebi Güell i Bacigalupi, fue el apoyo y mecenaje de gran parte de la obra de Antoni Gaudí. La apuesta y creencia de mi antepasado en la obra de un arquitecto joven y que rompía los moldes establecidos entonces fue valiente, porque sus edificaciones eran rechazadas en aquella época y tuvo que invertir grandes cantidades de dinero. Vivimos en unos tiempos diferentes de los de mi bisabuelo, y ahora no es posible impulsar obras artísticas de aquella magnitud, pero sí dar apoyo al mundo del arte en la medida de las posibilidades personales. Siempre he creído que la fuerza fundamental de nuestro país residía en nuestro extendido e intenso entramado social, que cohesiona y fortalece el conjunto de la sociedad, en parte porque el nacimiento de una organización de la sociedad civil es el resultado de la ilusión. Para empezarla sólo hace falta un grupo reducido de personas dispuestas a utilizar parte de su tiempo libre, de sus energías y de su dinero, si es necesario, para conseguir un propósito. Si la iniciativa y el dinamismo del grupo son los adecuados, la entidad siempre sobrevivirá a las dificultades iniciales.
Ésta ha sido mi experiencia como fundador, junto con Carles Ferrer Salat y Joan Mas Cantí, del Cercle d’Economia a finales de la década de 1950. Esta agrupación nació para perfeccionar nuestra formación de empresarios y poder analizar el mundo desde una óptica global. El Cercle d’Economia, igual que otras entidades, jugó un papel destacado en el rechazo de la situación política de aquel período en el Estado español. Aunque me he implicado en otras asociaciones, la creación del Cercle d’Economia es mi aportación más significativa al mundo del asociacionismo. Y fue fruto de una intuición, como la mayoría de decisiones importantes que se toman en la vida, como la experiencia me ha demostrado. Una vez muerto el general Franco, me decidí a actuar en la vida política. Esta intensa participación en la vida política y cívica del país se ha visto compensada con varias distinciones, entre las que destacan la Creu de Sant Jordi, la llave de la ciudad de Barcelona y especialmente haber sido nombrado miembro de la Academia de Bellas Artes. Éste es un reconocimiento a la trayectoria de mecenaje de los Güell, y me siento muy honrado de poder representar a mi familia una generación más.